“Las familias ensambladas requieren trabajo, paciencia y altruismo, porque uno adopta y es adoptado”

 “Las familias ensambladas requieren trabajo, paciencia y altruismo, porque uno adopta y es adoptado”

¿Cómo es para los grandes y para los chicos formar parte de una familia “no tradicional”? ¿Cómo impacta la mirada del otro? ¿De qué manera se fortalecen los vínculos? Lo cuentan Violeta Vázquez y María Andrea González, autoras de Ensambladas. Todo tipo de familias (Albatros).

Los modelos de familia cambiaron y hace rato que eso no es novedad. Pero, ¿cuáles son sus características?, ¿cómo impacta la mirada del otro en ellas?, ¿cómo se aprende a cuidar y fortalecer los vínculos en este contexto?, ¿cómo es para los chicos de hoy ver o formar parte de una familia «no tradicional»?

Sobre todo esto y más hablan Violeta Vázquez y María Andrea González en Ensambladas. Todo tipo de familias (Albatros). En diálogo con Entremujeres, la primera se refirió a esta obra que “interpela, desde el humor, y trae una mirada genuina sobre las familias ensambladas: lo que duele, lo que frustra y lo que engrandece”.

Cada familia, así como tiene sus propias características, también tiene muchas veces obstáculos en común que atravesar. “Las dificultades de la familia ensamblada son adentrarse a lo profundo del vínculo, que tiene una inteligencia propia, pero que muchas veces frustra nuestra identidad, porque el otro trae consigo lo que deseo y también lo que repulso, es lo diferente, lo que me saca de mi repetición automática. Eso otro responde a otra lógica y a otros mandatos”, sostuvo Violeta. Al mismo tiempo, añadió que “cuando el juego se abre y las parejas separadas y con hijos, rearman su vida afectiva con nuevas parejas, la cantidad de actores crece exponencialmente y se evidencian nuestras limitaciones para darle lugar a las elecciones de los demás y dejar que aquellos que ya no son parte de nuestra vida cotidiana sí sean parte de la vida de nuestros hijos”.

Un punto central tiene que ver con los hijos de esa nueva pareja, la relación con ellos y los límites. Según Vázquez, este “vínculo se hace y se deshace, se arma y se desarma, hasta que el lazo comienza a tomar los tonos propios y pierde las primeras frías referencias ‘la pareja de mi papá’ o ‘el hijo de mi novia’”. No se trata de soluciones mágicas ni de resultados instantáneos: “Las familias ensambladas requieren trabajo, paciencia y altruismo, porque uno adopta y es adoptado”.

Sin embargo, la directora de la Escuela de formación profesional en puericultura y familia Panza y Crianza aclaró que “las familias ensambladas no caminan cuando se las fuerza a ser algo que no son. Los límites se construyen en lo personal de cada sistema familiar. Hay familias donde madrastras y padrastros funcionan en el núcleo y hay familias donde funcionan en la periferia. Lo cierto es que los que disponen sobre las cuestiones del niño son los padres, y todo lo demás puede contextulizarse en influencias, sugerencias, propuestas y presiones. La opinión del adulto que convive con el niño y no es madre ni padre queda en una esfera, a veces silenciada. Es parte de la elección saber que hay adultos que lideran más que otros sobre ciertas crianzas, aprender a asentir a eso y saber correrse cuando es en beneficio del niño sin competir con él”.

Por otra parte, una actitud a evitar dentro de estos nuevos formatos es la de repetir discursos de odio hacia el otro progenitor delante de los chicos. Para Violeta, “la mejor manera es no tomar al hijo como testigo de la propia angustia. Eso se puede hacer en la medida que no estamos solas y solos, que contemos con red de amigos y a veces ayuda profesional, que nos permitamos gritar, llorar y descargarnos en el lugar adecuado”. Sin embargo, “en una crisis vital como es una separación no existe el manual del buen padre. Por supuesto que no queremos transmitir odio a nuestras hijas e hijos, pero a todos se nos escapa alguna palabra fuera de lugar o se nos nota el enojo”, aclaró.

La maternidad o la paternidad exigen constantemente y, a veces, los adultos se ven arrinconados, como obligados a esconder su dolor. Esto es común durante el proceso de separación. Vázquez menciona que el duelo en los niños se acompaña “con la verdad, con palabras simples y expresando nuestras emociones. Los niños no se asustan ante un ‘estoy angustiado’”. Además, añadió que “algunos padres tienen inmensos desbordes emocionales delante de sus hijos y luego sienten mucha culpa”, lo cual simplemente se puede reparar “pidiendo disculpas”.

Por último, la autora de “Ensambladas” se refirió a la naturalidad con que los niños ven lo que para los adultos aún es distinto o fuera de lo común. “Son nuestras hijas e hijos los que nos están enseñando. La diversidad la tenemos adentro de nuestro propio hogar. En casa, hijos que jamás pensamos que íbamos a tener, eligen lo que nunca hubiésemos elegido. Ese también es un mérito nuestro, darle lugar a aquello que ellos son y nosotros no somos”, admitió. “Somos los padres de la generación que viene a hacer reversible el concepto de familia, a plantearnos los debates éticos más profundos: el inicio de la vida, los derechos, el patriarcado, la subrogación de vientres y la materpaternidad en parejas del mismo sexo, entre otros”, concluyó.

 

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