Los misterios ocultos en el majestuoso Gran Hotel Viena

 Los misterios ocultos en el majestuoso Gran Hotel Viena

El Gran Hotel Viena es, sin dudas, uno de los edificios más míticos y sorprendentes del interior cordobés. Ubicado en Miramar, el complejo fue, durante décadas, uno de los alojamientos más glamorosos del país y hoy está rodeado de leyendas que impulsan su atractivo turístico.

La familia Pahlke
El alemán Máximo Emilio Germán Pahlke llegó al país en 1920 y, una vez nacionalizado, comenzó una carrera de ascenso en la Manesmann Argentina, una fábrica de caños de acero que disputaba los mercados mundiales. Una década después, se casó con la austríaca Melita María Fleischberger y juntos tuvieron dos hijos: Máximo Wolfgang Otto y Gertrudis Ingrid.

Con el pasar de los años, la mujer y uno de los hijos fueron diagnosticados de enfermedades respiratorias y de la piel, lo que los llevó a emprender un viaje por Europa, en busca de tratamientos. Al comenzar la Segunda Guerra Mundial, retornaron a Argentina y los médicos les aconsejaron los baños curativos en la Laguna Mar Chiquita.

Pensión Alemana vs Pensión Viena
Al finalizar la década del 30´, madre e hijo pasaron una corta estadía en la localidad cordobesa, hospedados en la modesta “Pensión Alemana” de doña María Tremensberger. Como ambos notaron una gran mejoría en sus enfermedades, al año siguiente Melita le ofreció a la propietaria conformar una sociedad, aportando capital para agrandar y mejorar el hospedaje, que pasó a llamarse “Pensión Viena”.

Sin embargo, la buena relación entre ambas mujeres duró muy poco y los Pahlke decidieron comprar la parte de Tremensberger, quedando como únicos dueños del establecimiento. Con la plata de la venta, María adquirió una propiedad a media cuadra del lugar y volvió a levantar su “Pensión Alemana”, compitiendo con sus antiguos socios.

El nacimiento de un gigante
A mediados de 1940, los Pahlke hicieron demoler el antiguo edificio y encargaron a los mejores arquitectos e ingenieros civiles de Buenos Aires los planos del futuro Gran Hotel Viena. La construcción comenzó al año siguiente y se ejecutó en etapas, hasta 1945.

El complejo contaba con varias partes:

Edificio I (Norte): 28 habitaciones dobles y triples, todas con baño privado, bañera, agua fría y caliente, placard de tres puertas y papelero de madera de cedro lustrado. En cada piso había una cabina telefónica para pasar llamadas desde la gerencia.
Edificio II (Este): era sólo para solteros, por lo que sus 30 habitaciones eran individuales y tenían baño privado. La construcción se terminó de edificar en 1947 y nunca fue inaugurada.
Edificio III: consistía en 8 departamentos dúplex de dos habitaciones cada uno, con dos camas por habitación y baño privado. Unía el Edificio II y los baños termales, formando una U con un patio interior arbolado con canteros y caminos baldosados.
Edificio de baños termales: contaba con 8 bañeras grandes de azulejos, con agua fría y caliente salada bombeada del mar. Había habitaciones de descanso con cama y para cambiarse, y arriba estaba la sala de lectura.

Instalaciones majestuosas: mármol, arte y tecnología alemana

El complejo se completaba con un comedor principal climatizado, de 15 x 20 metros, con sillas y mesas de madera de roble, cuadros originales al óleo y grandes ventanales. Apenas más chico, el bar contaba con sillones y mesitas tapizadas, obras de arte, un mostrador de 8 metros de largo de madera lustrada y un flipper manual con bolas de acero.

El hall de entrada estaba recubierto de mármol travertino y lucía un espejo con macetero, mostrador de recepción, oficina administrativa con vidrios arenados, muebles y caja fuerte. A la derecha del ingreso principal estaba la peluquería, una salita para difundir música y sanitarios para hombres y mujeres. Los ascensores eran de la marca alemana “Siemens Schukert”.

En el hotel había dos cocinas para que no se mezclen los olores: una de salados y general, y otra para repostería. Debajo del comedor, se hallaba un sótano bodega lleno de estanterías de vinos finos, con unas 5000 botellas y los equipos de frío a base de amoníaco.

Existía un edificio para mantenimiento de todo el hotel, una usina eléctrica, galpones con vehículos acuáticos, corrales y caballerizas para animales, y la famosa “Torre del Viena”, que era un tanque de agua de 25 metros de altura con capacidad para 80.000 litros, que funcionaba de mirador de toda la zona.

Además, había un complejo sistema que daba el parte meteorológico dos veces por día, que se exhibía en el bar y comedor. Todo esto, rodeado por un parque de más de una hectárea en el que se encontraba una pileta olímpica de hormigón y agua dulce, dos solárium tapiados (para que los hombres no pudieran observar a las mujeres tomar sol), quinchos y pasarelas con escalinatas para bajar a la mar.

Tiempos de cierres y reaperturas
El hotel funcionó hasta 1947, cuando cerró por un largo período, debido a desacuerdos entre doña Melita con el personal y la Asociación Hotelera de Miramar. Además, el turismo mermó debido a la bajante de la laguna, que en el año 1950 apenas era un espejismo a 5 km de la costa.

Casi 20 años después, Máximo, uno de los hijos de la pareja, decidió reacondicionar algunos sectores, reabrir las puertas y coordinar una exitosa temporada turística.

En 1965, el doctor Pahlke Jr. crea la Sociedad Waldorf y CIA S.A., que figura como propietaria del complejo desde entonces.

Inundación devastadora
Ni los dueños, ni los arquitectos e ingenieros se imaginaron hasta donde podía subir el agua de la mar. El 17 de mayo de 1978, la laguna se volvió incontrolable y avanzó sin piedad sobre más del 60 por ciento del pueblo. En el hotel, el agua inundó el sótano y el oleaje rompió parte de la mampostería del lado Norte del edificio, dejando al descubierto los hierros de las armaduras de las columnas y poniendo en riesgo de derrumbe los grandes muros.

Mitos y fantasmas
Quienes asisten a las visitas guiadas del hoy Museo Hotel Viena aseguran escuchar ruidos y ver personas pasar de una habitación a otra. De hecho, existe una versión nocturna del paseo para los más supersticiosos. ¡Dato! En las habitaciones 106 y 110 es donde se perciben más energías extrañas y algunos dicen sentir angustia.

Otro mito que ronda sobre el hotel es la relación de sus propietarios con el nazismo. No hay datos certeros ni registros que sirvan como evidencia, pero entre los lugareños se suele decir que el partido Nazi podría haber aportado los fondos para la construcción del edificio. De hecho, algunos aseguran que el propio Hitler estuvo alojado en el lugar y que tenía a disposición una habitación en suite exclusiva, con vajilla y sábanas que llevaban sus iniciales.

La propiedad está actualmente en manos de la Municipalidad de Miramar, concesionada a la Asociación civil Amigos del Gran Hotel Viena y en litigio con Máximo Pahlke, nieto del fundador. Los interesados en conocer el complejo pueden asistir a las visitas guiadas que se realizan los fines de semana en diferentes horarios.

 

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