Tres ciegos en una biblioteca: el curioso caso argentino

 Tres ciegos en una biblioteca: el curioso caso argentino

A lo largo de su historia, la Biblioteca Nacional de Argentina ha tenido tres directores que ejercieron sus funciones padeciendo ceguera. Escritores y bibliófilos, fatigaron pasillos y anaqueles cargados de libros que no pudieron volver a leer.

De los tres directores ciegos que tuvo la hoy llamada Biblioteca Nacional Mariano Moreno de la ciudad de Buenos Aires, fue el escritor Jorge Luis Borges (1899-1986) quien alcanzó la fama universal, con sus cuentos, ensayos y poesía.

En 1955, luego del golpe militar que derrocó al presidente Juan Domingo Perón (1946-1955, 1973-1974), Borges fue designado director de la Biblioteca Nacional por autoridades de la dictadura cívico-militar que gobernó el país hasta 1958.

«He recibido en mi vida muchos inmerecidos honores, pero hay uno que me alegró más que ningún otro: la dirección de la Biblioteca Nacional», confiesa Borges en su Conferencia sobre la ceguera.

La designación obedeció a «razones menos literarias que políticas», opinó Borges, quizá en virtud de nunca haber ocultado su postura contraria a Perón y al movimiento político en torno a su figura: el peronismo.

En los años 40, Borges había trabajado en la biblioteca municipal del barrio porteño de Boedo. Cuando Perón ganó las elecciones de 1946, el nuevo intendente de la ciudad, el peronista Emilio Siri, decidió promover a Borges a «inspector de aves de corral», a causa de su público antiperonismo. El escritor, entonces, decidió renunciar.

Tres ciegos en una biblioteca: el curioso caso argentino - 01.10.2021, Sputnik Mundo

El día de su nombramiento como director de la Biblioteca Nacional en 1955 fue para Borges el «patético» momento en el que supo que estaba ciego, dijo en su mentada conferencia.

Borges descubrió entonces que apenas distinguía las portadas y los lomos de los libros en los estantes. «Poco a poco fui comprendiendo la extraña ironía de los hechos. Yo siempre me había imaginado el Paraíso bajo la especie de una biblioteca», confesó.

Para Borges «la ceguera fue un lento crepúsculo», en referencia a los constantes problemas de vista. La miopía lo aquejó desde la niñez y desde entonces padeció un sostenido deterioro de la visión. Su padre y otros antepasados habían sufrido una ceguera progresiva.

A comienzos de la década del 50, Borges perdió la visión de uno de sus ojos tras un desprendimiento de retina. En ese mismo 1955 sufrió el mismo problema en el ojo sano; se operó, pero no recobró la vista.

Ante la «ironía de los hechos», Borges escribió entonces su famoso Poema de los dones, cuya primera estrofa dice: «Nadie rebaje a lágrima o reproche / esta declaración de la maestría / de Dios, que con magnífica ironía / me dio a la vez los libros y la noche».

El poema refiere no solo a su propia ceguera, sino también al destino compartido con el franco-argentino Paul Groussac: ambos hombres de letras fueron directores de la Biblioteca Nacional y quedaron ciegos.

Paul Groussac había llegado a la Argentina desde su Francia natal con apenas 18 años, en 1866, sin saber una sola palabra de español. No obstante, hacia 1885 su activa presencia en la vida cultural y política argentina lo llevaron a ser designado director de la biblioteca por el presidente Julio Roca (1880-1886; 1898-1904).

Groussac ha sido destacado por haber modernizado la biblioteca así como por convertirla en un punto de referencia para la vida intelectual del país austral durante su gestión, que se extendió por 44 años.

Héroes sin luz | Jorge Luis Borges, Biblioteca Nacional, Belgrano, San Martín, Segunda Guerra Mundial

En 1925, Groussac perdió el ojo izquierdo luego de que le fuera extirpado el cristalino —una estructura ocular que actúa como lente para enfocar objetos—, según relata el médico oftalmólogo e historiador argentino Omar López Mato.

Poco después, Groussac decidió viajar a Francia para tratarse la catarata de su ojo sano con un célebre oftalmólogo, Albert Poulard. La operación fue exitosa en principio, pero a las pocas horas perdió la vista para siempre.

No obstante, Groussac continuó en su puesto de director hasta su muerte, el 27 de junio de 1929.

Borges admitió que cuando escribió el Poema de los dones no estaba al tanto de que otro escritor había quedado también ciego siendo director de la biblioteca: fue el primero de ellos, José Marmol.

Escritor, político y diplomático argentino nacido en 1817 en Buenos Aires, Marmol fue autor de la primera novela argentina: Amalia, publicada originalmente como folletín en un diario de Uruguay (1851) y luego como libro en Argentina (1855).

Mármol asumió como director de la Biblioteca Nacional en 1868. Se desempeñó en el cargo hasta que perdió la vista a causa de una enfermedad ocular que no pudo ser precisada. Murió en 1871.

«Aquí aparece el número tres, que cierra las cosas. Dos es una mera coincidencia; tres, una confirmación (…) divina o teológica», dijo Borges sobre el destino compartido con Mármol y Groussac.

Borges mantuvo su puesto en la Biblioteca Nacional hasta 1973, cuando decidió jubilarse. El 23 de septiembre de ese año, Perón ganó las elecciones y se convirtió en presidente de Argentina por tercera vez.

 

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