Viandas: el restaurante más terrorífico de Sevilla

 Viandas: el restaurante más terrorífico de Sevilla

No hay persona en Sevilla que no conozca el restaurante Viandas. Es más, muchas personas de nuestro país saben perfectamente dónde está, a pesar de no haber puesto nunca un pie en su interior. ¿Por qué? Porque el lugar es uno de los enclaves favoritos de los amantes del misterio y los fenómenos paranormales; lo tiene todo: sombras que aparecen y desaparecen, desconocidos que aparecen en cámaras de seguridad, objetos que cambian de sitio, puertas que se abren o cierran solas, pisadas que nadie ha dado, aparatos eléctricos que se ponen a funcionar sin previo aviso, bajadas de temperatura de más de diez grados… Vamos, el típico lugar al que no querrías entrar.

Viandas: el restaurante más terrorífico de Sevilla

Multitud de expertos en lo paranormal se han acercado a estudiar los fenómenos que ahí se suceden. Investigaciones que cuentan cómo es imposible grabar nada porque los dispositivos electrónicos dejan de funcionar de repente, de cómo sienten que alguien les persigue a cada paso que dan o cómo algunos objetos se desplazan sin motivo aparente.

El Viandas ya no existe. Los negocios no prosperan en el lugar, y eso que se trata de un edificio de tres plantas en pleno centro de la capital hispalense. Sin embargo, su pasado histórico quizá tenga bastante que ver: además del incendio de 1861, bajo el local se encuentran las criptas de un colegio anejo, antiguo convento. En 1936 se asesinó a un sereno en sus inmediaciones, en los años 50 apareció una caja con el cadáver de un niño en la puerta y poco después, se descubrió otra cripta en una remodelación. Era tal su fama mortuoria, que se llegaron a alquilar habitaciones del edificio en la década de los 90 para realizar sesiones de espiritismo. Hay quien dice incluso haberse encontrado y conversado con un joven muy pálido y escuálido, del que nadie conocía su existencia.

Viandas: el restaurante más terrorífico de Sevilla

La zona más terrorífica, sin embargo, se dice que es la última planta. Los que allí han estado hablan de sentir cómo baja la temperatura varios grados con respecto a las otras habitaciones del edificio. Nadie quiere estar allí; incluso cuando hay negocios abiertos, los trabajadores cuentan anécdotas a cada cuál más siniestra: personas que entran sin ser vistas, reflejos que no querían ver, sombras que les persiguen, ruidos anómalos, olores raros… Normal que los negocios no duren demasiado.

El restaurante es parada obligatoria en la que ya se llama La milla de oro de los fantasmas . Si eres amante de lo paranormal, quizá quieras visitarlo y, quién sabe, quizá te encuentres con más de lo que vayas buscando.

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